Un genocidio olvidado

Hoy poco se habla del genocidio acaecido en Cuba durante la reconcentración ordenada por el general español Valeriano Weyler, todas las fuentes se ponen de acuerdo en que hubo unos 300.000 muertos durante la reconcentración, el principal motivo de la reconcentración era acabar con el apoyo que gozaba el ejercito libertado cubano en las zonas rurales de la isla de Cuba. Los campesinos cubanos no tenían muchas opciones de mantenerse al margen del conflicto militar, ya que tras el decreto del Bando de Reconcentración ordenado por Weyler todos los campesinos que aún se encontrase en las zonas rurales serian considerados “rebeldes” y juzgados como ellos, los habitantes de las zonas rurales fueron concentrado en campos de concentración dentro de las ciudades y pueblos de la isla, en unas condiciones deplorables, un caldo de cultivo para una tragedia sin precedentes hasta la fecha, siendo precursora de los campos de exterminios nazis.

Valeriano Weyler

Los relatos de la vida en esos campos eran escalofriantes, gente hacinada en barracones, o en naves industriales abandonadas medio en ruinas, sin agua potable, o viviendo debajo de portales, muriendo en las calles de inanición y de grandes pandemias. como la fiebre amarilla, viruela, etc, gracias a las condiciones pocos salubres que tenían los campos de concentración, Santa Clara fue una de las provincia más afectadas por la reconcentración de Weyler.

Al comenzar la guerra se calcula, tomando en cuenta los censos de 1877 y 1887,4 que la población del país ascendía a 1 800 000 habitantes. Veamos los efectos de la contienda en la población de una de las seis provincias de la colonia, la más central, Santa Clara que se calcula tenía una población de unos 460 000 habitantes.

Weyler buscaba con premeditación socavar el apoyo de las zonas rurales al ejercito libertador cubano, acabando con ellos directamente, porque el carnicero Weyler era consiente de lo que hacia en todo momento, los campesinos cubanos era la base del ejercito cubano y su principal sustento, para acabar con la guerra, quiso acabar con su principal componente, como si de un fuego se tratase. A continuación pongo un fragmento de texto relatando en primera persona como fue el día a día en los campos de conentración en la provincia cubana de Pinar del Rio:

Para cumplir esta disposición, las
columnas españolas se lanzaron a los campos que rodeaban la cabecera de
la ciudad pinareña e incendiaron los bohíos, destruyeron los sembrados y
condujeron los campesinos en masas como si fueran reses hacia la
capital de la provincia.
Ya en el poblado los indefensos campesinos
fueron ubicados, una parte en el tejar de la finca Pachín y la otra en
el teatro “Milanés”. Como estos lugares no eran suficientes, muchos de
ellos se situaron en edificios públicos y zaguanes de las casas
particulares y hasta en medio de las calles.
En esas condiciones
vivían hombres, mujeres y niños en la mayor promiscuidad. Estos
campesinos reconcentrados solo comían las sobras del rancho de las
tropas españolas, salvo algunos alimentos que se recibían de una cocina
que se improvisó por el ayuntamiento.
El hambre y el hacinamiento en
que vivían los reconcentrados produjo numerosas enfermedades, tales como
la viruela, el tifus, el paludismo, el vómito y otros que por su
carácter transmisible no eran atendidos en el entonces hospital “San
Isidro”.
Esto dio lugar a que comenzaran las muertes en alarmantes
proporciones. Ante esta situación, el Ayuntamiento, siendo su alcalde
Antonio Legorburo y López adquirió las tierras que se encuentran al
final de la calle Galiano, propiedad de Regla Cigaray. Allí se levantó
el hospital “El Lazareto” para atender a los enfermos que habían
adquirido esas terribles enfermedades. 1

También hay reseñas periodísticas de un reportero que entró en los campos de concentración situados en la ciudad de La Habana, este es su escalofriante relato de las condiciones de vida de los campos:

Consistente en una vieja nave de almacén abandonada que descansaba sobre pilotes
medio derrumbados sobre un gran charco de agua maloliente en la zona de
los muelles. El suelo era inseguro y estaba lleno de agujeros. No había
separaciones entre hombres y mujeres, ni existían lavabos, ni camas… Las
enfermedades aumentaban cada día entre esas familias. Las tropas
españolas ocupaban tantos edificios que no queda hospedaje decente para
el excedente de la población. Los lugares donde viven los reconcentrados
son poco más que cochiqueras y la gente ha dejado de respirar el limpio
aire al que estaba acostumbrado. Esto, junto con la escasez de
alimentos está resultando en cientos de muertes 2

El historiador Raúl Izquierdo Canosa, autor de valiosas investigaciones
sobre esta etapa de lucha del pueblo cubano, relata:

Cuando en los difíciles días de 1897 el alcalde municipal de Güines visitó a Weyler
para exponerle las terribles condiciones en que se encontraban los
reconcentrados en esa villa y solicitarle algunas raciones para impedir
que continuaran muriendo de hambre, éste le respondió: ¿ Dice usted que
los reconcentrados mueren de hambre? Pues precisamente para eso hice la
reconcentración. 2

Aquí podemos leer un ejemplo del carácter genocida de la prensa española y su modo de ver a la población rural de Cuba como enemigas del estado español, mostrando su animadversión hacia ella, la postura de El Imparcial queda reflejada en este párrafo:

 Cada bohío es una estación telegráfica y cada campesino, un servidor de
la insurrección. Como consecuencia, los soldados españoles ni siquiera
pueden dormir en las casas de los pueblos, por-que les robaróan incluso
las armas y municiones. Los movimientos de las columnas
peninsulares son inmediatamente reseñados por los “pacíficos” con toda
suerte de detalles, mientras las informaciones alternativas están
plagadas de errores. De este modo, el juego de marchas y contramarchas
se revela agotador y estéril. Los soldados se mueren literalmente de
hambre, mientras experimentan las enfermedades e infecciones propias de
un país tropical. Tal es el balance de ” tantas idas y venidas inútiles
como hacen nuestras columnas”. (12-VII-1896).3

Que un criminal de guerra como Valeriano Weyler tenga un título nobiliario con el nombre de la isla de Tenerife y una plaza en su honor en la capital tinerfeña es una autentica vergüenza, un criminal de guerra que gracias a la reconcentracion que ordeno, costo la vida a más de 300.000 cubanos, luego que se le niegue una calle a Antonio Cubillo alegando que fue terrorista, cosa que es mentira,el colonialismo usa está forma de hacer las cosas para condenar al olvido a las victimas y ensalzar a los criminales, sólo hay que echar un vistazo al callejero de nuestro país, está lleno de nombres de criminales.

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